Ya nos hemos quedado sin línea aérea. Me gustaba la idea de tener todavía una compañía de capital español, porque estratégicamente permitía servir mejor a los intereses del turismo español. Cuando se habló por primera vez de la fusión me imaginé una absorción de la compañía inglesa a la española, como así ha sido. British Airways queda con el 55 % e Iberia con el 45 % . La Dirección financiera (la que cuenta) se establecerá en Londres. Y para Madrid, se han inventado una cosa que se llama la “dirección operativa”, con la que parecen indicar que los vuelos se decidirán desde aquí. El hecho es que se ha perdido el control. Para la compañía dicen que es una buena fusión. Pero a mí la compañía en sí misma me importa un comino. Me importaba en la medida en que eran las líneas aéreas españolas. Pero ahora esta nueva compañía se ocupará sobre todo de dar servicio a los tour operadores ingleses y como es natural barrerá para su casa, abriendo el mercado de iberoamérica a los intereses de Gran Bretaña.
Se me antoja que hay una hipocresía que afecta al mundo de las grandes multinacionales. Cuando una compañía resulta absorbida siempre surge quien dice que ya no hay otra cosa en Europa que intereses mercantiles, que no se puede pensar en estrategias nacionales para lo que en realidad son negocios, que está todo muy globalizado y las grandes compañías no tienen bandera alguna… bla, bla, bla.
Pero no me cuadra, porque veo como gobiernos como el francés o el alemán saltan en defensa de sus compañías y se muestran intervencionistas cuando lo consideran necesario. Yo sabía que los ingleses no iban a permitir que el accionariado de British fuera minoritario en la nueva compañía resultante y, en efecto, ahora es controlada por ellos.
Como es natural, en el momento de la operación se dicen muchas cosas, pero en realidad todo puede ser cambiado (cuando transcurra un periodo razonable) por esa mayoría inglesa del 55 %. Ahí es donde está el poder, y el accionariado español tendrá que conformarse con los designios que nos vengan desde Gran Bretaña.
La compañía ahora es inglesa, lo queramos o no. Igual que Endesa ahora es italiana, pese a que en el inicio se habló del contrapeso que supondría la participación de ACS, para los intereses españoles. La realidad es que en cuanto esta constructora española vio la oportunidad de vender, lo hizo, quedando la empresa energética en manos de ENEL. Ahora en sector transportes, sucede lo mismo. Y me va quedando un regusto amargo, por saber que mi país se descapitaliza poco a poco y depende cada vez más del exterior.
Parece como si no pudieran existir grandes empresas en España a excepción de dos o tres (Telefónica, Repsol y alguna más).
Se me antoja que hay una hipocresía que afecta al mundo de las grandes multinacionales. Cuando una compañía resulta absorbida siempre surge quien dice que ya no hay otra cosa en Europa que intereses mercantiles, que no se puede pensar en estrategias nacionales para lo que en realidad son negocios, que está todo muy globalizado y las grandes compañías no tienen bandera alguna… bla, bla, bla.
Pero no me cuadra, porque veo como gobiernos como el francés o el alemán saltan en defensa de sus compañías y se muestran intervencionistas cuando lo consideran necesario. Yo sabía que los ingleses no iban a permitir que el accionariado de British fuera minoritario en la nueva compañía resultante y, en efecto, ahora es controlada por ellos.
Como es natural, en el momento de la operación se dicen muchas cosas, pero en realidad todo puede ser cambiado (cuando transcurra un periodo razonable) por esa mayoría inglesa del 55 %. Ahí es donde está el poder, y el accionariado español tendrá que conformarse con los designios que nos vengan desde Gran Bretaña.
La compañía ahora es inglesa, lo queramos o no. Igual que Endesa ahora es italiana, pese a que en el inicio se habló del contrapeso que supondría la participación de ACS, para los intereses españoles. La realidad es que en cuanto esta constructora española vio la oportunidad de vender, lo hizo, quedando la empresa energética en manos de ENEL. Ahora en sector transportes, sucede lo mismo. Y me va quedando un regusto amargo, por saber que mi país se descapitaliza poco a poco y depende cada vez más del exterior.
Parece como si no pudieran existir grandes empresas en España a excepción de dos o tres (Telefónica, Repsol y alguna más).
Parece como si se hubiera asumido el papel de balneario turístico de Europa y país especializado en un inestable sector de servicios.
No hay comentarios:
Publicar un comentario