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Soy un funcionario madrileño, y trabajo en la Seguridad Social. Nacido en una buena añada; la del 60. A la vez que empezaba a formarme como persona pude ver los últimos coletazos del régimen anterior, sin comprender todavía demasiado lo valiosa y rara que es una democracia avanzada en este mundo de guerras y sátrapas. Hoy me limito a ejercer un derecho de opinión porque me gusta la política (aunque no me gustaría protagonizarla).

3 de noviembre de 2009

Los árboles no nos dejan ver el bosque

Estos días los analistas políticos hablan de que la extendida corrupción no tiene incidencia sobre la intención de voto. Lo dicen asombrados, como si el tema Gürtel hubiera tenido que provocar como efecto inmediato que todos los ciudadanos españoles quisieran votar a los socialistas. Contemplan las encuestas del CIS asombrados, viendo que a pesar de este escándalo, el PP logra una mayor ventaje frente al PSOE.

Yo no veo nada extraño en ello, por muchos motivos: En primer lugar porque los escándalos se extienden a todos los partidos y el desencanto, en todo caso, debería conducirnos a la abstención. Afirmar lo contrario equivaldría a dar el voto a gestores con los que no se está de acuerdo, solo por castigar al partido en cuyas filas milita un corrupto de la administración local o autonómica.

En segundo lugar, porque a la gente le preocupa más la crisis económica o el paro. El votante puede tolerar que en el seno de un partido haya algún garbanzo negro, pero le resulta impresentable que los miembros del gobierno de la nación se muestren incapaces de gestionar la crisis y el desempleo o el caos de la justicia, por tocar, solamente los dos temas más candentes y significativos.

Los medios de comunicación nacionales están sirviendo para desactivar lo que por tendencia natural, debería ser un desplome de ZP y compañía. Es tal la ineficacia de este gobierno que resulta increíble que el PP aventaje al PSOE tan solo en 3 puntos, en la intención de voto. Lo que demuestra que el ventilador de corrupciones varias, sí que tiene su grado de eficacia.

De este modo, de los lodos de la corrupción sale un beneficiario por encima de otros: Quien ocupa en la actualidad el poder, interesado más que otros en desactivar el voto de castigo de signo contrario, aunque ello le suponga perder un porcentaje de voto propio.

Entretanto el precio que se paga es el descrédito absoluto de toda la clase política. Esa dinámica del “Y tú más” que a menudo es criticada por contertulios y periodistas, es la vía fácil a la que recurren los partidos políticos contribuyendo a su vez a una mayor depauperación de la escena política. Y el desmoralizado ciudadano siente la tentación de abstenerse, dejando por imposibles a los guías de pacotilla que pilotan este país. ¡Qué sencillez de planteamiento!

Pero no es así: El ciudadano tiene la oportunidad de remover esta situación de una única manera: castigando al que gobierna porque es él quien tiene mayor poder, quien concita las mayores expectativas y, por tanto, quien tiene una mayor cuota de responsabilidad en la funesta situación.

Estos días hay quien nos pone árboles delante de nuestras narices, para impedirnos ver el bosque; y es el bosque lo que debemos ver. Hay que pensar si, de verdad este país puede soportar cuatro años más de Zapatero. Esa es la cuestión esencial.

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