Datos personales

Soy un funcionario madrileño, y trabajo en la Seguridad Social. Nacido en una buena añada; la del 60. A la vez que empezaba a formarme como persona pude ver los últimos coletazos del régimen anterior, sin comprender todavía demasiado lo valiosa y rara que es una democracia avanzada en este mundo de guerras y sátrapas. Hoy me limito a ejercer un derecho de opinión porque me gusta la política (aunque no me gustaría protagonizarla).

5 de noviembre de 2009

Pelea de elefantes


Dice un proverbio africano que en una pelea de dos elefantes, la que sufre es la hierba. Los madrileños somos la hierba y los elefantes ya sabemos quienes son.
Estoy más que harto de las peleas por el poder en Madrid. No sé si se jugarán mucho o poco. Seguramente signifique mucho el control de una entidad financiera del tamaño de CAJAMADRID, pero mucho más significa acceder al gobierno de la nación. Que un partido político como el PP – que es el único que constituye una alternativa al desastre y a la profunda decepción – se ponga a airear sus problemas de esta manera, dando a sus oponentes el balón de oxígeno y la excusa para el choteo, es indignante.

La gente está cabreada o encantada. Quienes desean de verdad el cambio. Quienes entienden que desalojar a ZP de La Moncloa es una necesidad vital para el país, están hasta el gorro de estos dos divos que tenemos en Madrid, que creen que los resultados favorables en las elecciones son poco menos que éxitos personales suyos.

Pero hay quienes sostienen que esto es una falta de autoridad de Rajoy. No sé si piensan sinceramente que puede construirse un líder de la oposición con garantías en el tiempo que resta hasta las próximas elecciones. No sé si se creen que ese hipotético líder sería capaz de frenar a estos dos divos. Creo más bien que lo que de verdad quieren es que el gobierno más desastroso que ha tenido España desde la dictadura, sobreviva y se recupere, para ganr de nuevo otras elecciones generales. Estos son los que están encantados.

Ya me pareció increíble que repitiera ZP en marzo de 2008. Entonces pensé ¿Pero cómo la gente no le ha calado a este mentiroso? ¿Cómo es posible que no se perciba que estamos en manos de un hatajo de aficionados a la poltrona sin méritos ni capacidades? ¿Cómo no se dan cuenta que este grupo no sabe ni lo que tiene entre manos y además les da igual no saberlo? Pues ganó de nuevo. Y lo hará otra vez. Porque estos maestros del propagandismo han dado con la fórmula de Coca-Cola y se han hecho especialistas en mantenerse gracias al descrédito del contrario. Frente a ellos tienen a un PP que se desacredita solo y, encima, les está ayudando.

De los dos divos me quedaría antes con Esperanza. Creo que la responsabilidad de ambos no es equiparable. Gallardón es un político que telegrafía su falta de escrúpulos y su ambición desmedida. En su día ya se postuló como candidato a suceder a Rajoy. Sus motivos para intentar el control de Cajamdrid son mucho más inconfesables que los que pueda tener la presidenta de la Comunidad. Para él la Caja es su tabla de salvación: Está canino, no solo por la crisis que ahora aqueja a todos los ayuntamientos, sino por la peculiar escalada de deuda del Ayuntamiento de Madrid, fruto de su megalomanía. Gallardón tiene además una cualidad imperdonable: Es el candidato del PP preferido por muchos electores del PSOE. Parece ser que le ven como una especie de Obama municipal, mucho más tolerante y abierto que otros líderes del PP retrógrados y rancios. Pero no nos engañemos: Todos esos que le bendicen no le votarían, porque son votantes del PSOE.

Su utilitarismo y falta de principios han quedado a menudo demostrados, pero utilizar a su número dos para airear sus críticas hacia esperanza Aguirre, buscando públicamente su descrédito, a través de una entrevista publicada en un medio de comunicación afín al PSOE de gran tirada, vienen a confirmar que es capaz de todo y que el destino del partido Popular a nivel nacional le importa menos que un comino.

Por eso yo le sacaría de las listas del partido en la próximas municipales, aun a riesgo de perder Madrid y le dejaría de raso, o que se fuera a fundar su propio partido.

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