La economía sostenible presentada de forma grandilocuente, no debería ser objeto de una ley. Cualquier economista o analista serio sabe que la economía de todo un país de la Europa occidental como España no puede dirigirse ni regularse en una única ley. La marcha de la economía es el fruto o la consecuencia de cómo vayan nuestros bolsillos, de la iniciativa privada por encima de todo, con leyes sectoriales coadyuvantes que vayan empujándola. Ése y no otro debería ser el papel de las administraciones. Facilitar y ayudar para vencer los importantes obstáculos con que se enfrenta hoy cualquier pobre desgraciado que tiene una pequeña empresa.
Lo que pretende el gobierno es la economía sostenida (más que sostenible) y, con una desfachatez sin límites vuelve a hacer la misma trampa de siempre. Ahora ya no pide; exige el apoyo de todos hacia su modernidad. Los que no le apoyan serán tachados de irresponsables e insolidarios con el destino del país. Así es como confunden a la ciudadanía. El bien del país es lo que ellos deciden. Son sus ocurrencias. Y hay que guardar respeto por esas ocurrencias porque vienen de arriba. Del Estado, con el que todos debemos colaborar. El patrón, el guía iluminado ( que lleva casi dos mandatos jugando a la piñata con los ojos vendados, a ver si acierta alguna) nos exige que le sigamos al desastre y nos tranquiliza diciéndonos por enésima vez la fecha en la que saldremos de la crisis. Me corrijo: Ahora ya no se atreve a dar fechas; solo dice que pronto, y todos debemos creerle.
En esta gran farsa se ha ido desgastando hasta lo indecible: Nos mintió con el terrorismo, ha manipulado la justicia, nos mintió con el Estado plurinacional (que ahora va a negar el TC), nos mintió con la “no subida de impuestos” (que luego sí subieron). Es un presidente indigno, sin palabra, que miente más que habla. Y ahora se le ha ocurrido lo de la economía sostenible.
Todo pretenden legislarlo con leyes programáticas, huecas, sin contenido, improvisadas, sin estudios de análisis presupuestario, ni memorias. Esta ley debe salir, por interés político. Primero lanzan la consigna del título y la fecha de salida y luego mandan a los técnicos para que se pongan a inventar el articulado. Eso sí: Pregonarán a los cuatro vientos que la ley será ecológica y representará el futuro, demonizando a todo aquél que se oponga. Ya lo hicieron con otras leyes anteriores.
La famosa ley de Dependencia, cuyo desarrollo aún está pendiente o la Ley de Violencia de Género, que todos se preguntan para qué ha servido. La primera se aprobó sin prever siquiera partidas económicas para su aplicación. De hecho sus disposiciones transitoria contemplaban un desarrollo diferido en el tiempo. Posiblemente entre en vigor de verdad cuando estén los populares en el poder u otro presidente socialista más serio que el de ahora. Pero el hecho es que ZP ya la ha vendido ante su electorado.
Con la economía sostenible hará lo mismo. Improvisará una serie de disposiciones, algunas de ellas impracticables antes de 20 años, y comprometerá a gobiernos venideros que estarán en la disyuntiva de tener que seguir sus pautas o ser atacados por querer destruir la sostenibilidad y el ecologismo.
Pues bien. Ante todo esto la oposición actual no se puede dejar avasallar. Tenemos un gobierno pegajoso y molesto. Son verdaderos especialistas en agarrarse a las poltronas. Más que agarrarse se pegan como lapas. Si reciben un golpe o sufren un bajón en las encuestas debido a su descrédito, reaccionan agarrándose a lo que haga falta, como haría un sparring sonado, que no termina nunca de caer KO. Esa era la estrategia de ayer. Todos juntos al acto mitinero y a poner buena cara. Que nos vean los dientes de la sonrisa, como diría la Pantoja. Aquí nos queremos todos mucho y apoyamos a nuestro presidente, aunque por debajo le llueven las críticas entre sus propios correligionarios.
Y entretanto España lo aguanta todo.
Lo que pretende el gobierno es la economía sostenida (más que sostenible) y, con una desfachatez sin límites vuelve a hacer la misma trampa de siempre. Ahora ya no pide; exige el apoyo de todos hacia su modernidad. Los que no le apoyan serán tachados de irresponsables e insolidarios con el destino del país. Así es como confunden a la ciudadanía. El bien del país es lo que ellos deciden. Son sus ocurrencias. Y hay que guardar respeto por esas ocurrencias porque vienen de arriba. Del Estado, con el que todos debemos colaborar. El patrón, el guía iluminado ( que lleva casi dos mandatos jugando a la piñata con los ojos vendados, a ver si acierta alguna) nos exige que le sigamos al desastre y nos tranquiliza diciéndonos por enésima vez la fecha en la que saldremos de la crisis. Me corrijo: Ahora ya no se atreve a dar fechas; solo dice que pronto, y todos debemos creerle.
En esta gran farsa se ha ido desgastando hasta lo indecible: Nos mintió con el terrorismo, ha manipulado la justicia, nos mintió con el Estado plurinacional (que ahora va a negar el TC), nos mintió con la “no subida de impuestos” (que luego sí subieron). Es un presidente indigno, sin palabra, que miente más que habla. Y ahora se le ha ocurrido lo de la economía sostenible.
Todo pretenden legislarlo con leyes programáticas, huecas, sin contenido, improvisadas, sin estudios de análisis presupuestario, ni memorias. Esta ley debe salir, por interés político. Primero lanzan la consigna del título y la fecha de salida y luego mandan a los técnicos para que se pongan a inventar el articulado. Eso sí: Pregonarán a los cuatro vientos que la ley será ecológica y representará el futuro, demonizando a todo aquél que se oponga. Ya lo hicieron con otras leyes anteriores.
La famosa ley de Dependencia, cuyo desarrollo aún está pendiente o la Ley de Violencia de Género, que todos se preguntan para qué ha servido. La primera se aprobó sin prever siquiera partidas económicas para su aplicación. De hecho sus disposiciones transitoria contemplaban un desarrollo diferido en el tiempo. Posiblemente entre en vigor de verdad cuando estén los populares en el poder u otro presidente socialista más serio que el de ahora. Pero el hecho es que ZP ya la ha vendido ante su electorado.
Con la economía sostenible hará lo mismo. Improvisará una serie de disposiciones, algunas de ellas impracticables antes de 20 años, y comprometerá a gobiernos venideros que estarán en la disyuntiva de tener que seguir sus pautas o ser atacados por querer destruir la sostenibilidad y el ecologismo.
Pues bien. Ante todo esto la oposición actual no se puede dejar avasallar. Tenemos un gobierno pegajoso y molesto. Son verdaderos especialistas en agarrarse a las poltronas. Más que agarrarse se pegan como lapas. Si reciben un golpe o sufren un bajón en las encuestas debido a su descrédito, reaccionan agarrándose a lo que haga falta, como haría un sparring sonado, que no termina nunca de caer KO. Esa era la estrategia de ayer. Todos juntos al acto mitinero y a poner buena cara. Que nos vean los dientes de la sonrisa, como diría la Pantoja. Aquí nos queremos todos mucho y apoyamos a nuestro presidente, aunque por debajo le llueven las críticas entre sus propios correligionarios.
Y entretanto España lo aguanta todo.
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