Datos personales

Soy un funcionario madrileño, y trabajo en la Seguridad Social. Nacido en una buena añada; la del 60. A la vez que empezaba a formarme como persona pude ver los últimos coletazos del régimen anterior, sin comprender todavía demasiado lo valiosa y rara que es una democracia avanzada en este mundo de guerras y sátrapas. Hoy me limito a ejercer un derecho de opinión porque me gusta la política (aunque no me gustaría protagonizarla).

12 de enero de 2010

El respeto hay que ganárselo

El comienzo en la presidencia de Europa no ha podido ser peor. Modificaciones de estructura orgánica han colocado a Zapatero en posición de compartir forzosamente el protagonismo con otros altos cargos de reciente creación. Ya no tiene la ayuda de compañeros de partido en altos cargos de la unión Europea. Solana se fue y no hay un socialista, como en otros tiempos en la Presidencia del parlamento.

Por otro lado Moncloa, ha adoptado, con motivo de esta presidencia una postura ciertamente alarmante, cual es la de telegrafiar a todos que va a intentar explotar la situación institucional de España en la UE (que, por otro lado es meramente de turno) como algo digno de aprovecharse en clave de política interna. Como si la presidencia hubiera de servir para recortar diferencias al PP o recuperar márgenes de popularidad.

Al intento de explotación partidista, debe añadirse la profunda ignorancia del funcionamiento macroeconómico de los estados, que nos ha situado donde estamos, y la imprudencia a la hora de querer abanderar una recuperación económica de Europa, cuando no se es capaz de gestionar siquiera la situación española.

Todos estos ingredientes han servido ya en los primeros días de la presidencia española – como cabía esperar - para proporcionar en bandeja una excusa fácil y obvia a muchos detractores.

Se podría comenzar con el demoledor editorial de “The Economist”, en el que calificaba la economía española de anodina y avisaba de la improcedencia de centrar la gestión semestral en la defensa del tratado de Lisboa, en lugar de acudir a retos más urgentes. También tenemos la censura que han hecho de la política de Zapatero cinco premios nóbel de economía en los últimos días. Y la corrección proveniente de la Primer Ministro de Alemania, Ángela Merkel, señalando que no es tiempo de sanciones, en respuesta a declaraciones de Moratinos que manifestaban la necesidad de aplicar medidas correctoras sobre los países cuyas economías no cumplieran los parámetros exigidos (entre los cuales obviamente estaría el nuestro).

Y es que da la impresión de que nuestro gobierno pretende contentar a los socios europeos, aún a costa de adoptar erráticamente decisiones contradictorias, y cada paso que da, cada decisión que toma, solo le sirve para recibir un nuevo revés.

Pero esto resulta natural, si uno se para a pensar en las imprudentes declaraciones de ZP cuado decía que estábamos en la Champions league de las economías, o que nuestro PIB estaba próximo a adelantar al de Italia, o que lideramos Europa en materia de política social o que íbamos a tener pleno empleo, o que no estábamos en crisis, sino solamente ante una pequeña recesión etc. Todas estas declaraciones tan innecesarias como imprudentes, hechas siempre en clave interna, para sus complacidos oyentes nacionalistas y socialistas, son las que ahora le inhabilitan.

Los otros paises de la comunidad internacional, no se sienten comprometidos con Zapatero, sino que por el contrario se sienten con manos libres para propinarnos sonoras bofetadas que nos devuelven a la realidad.
Cuando recientemente una periodista española le hacía la pregunta más oportuna e interesante que podía hacerse periodísticamente hablando, consistente en cuestionar cómo podía liderar la recuperación económica de Europa el lider del pais con una peor situación, con una tas de desempleo más alta y con un pronóstico de recuperación más desalentador… resulta que Zapatero se enfadó. Quizás piense que todos debemos sostenerle sólo porque es el presidente de turno de Europa.
Todo esto sin contar con la imagen de Mr. Bean, que situaremos sólo en el plano anecdótico (pero que es sintomático que haya sido objeto de crueles comentarios en Europa).

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