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Soy un funcionario madrileño, y trabajo en la Seguridad Social. Nacido en una buena añada; la del 60. A la vez que empezaba a formarme como persona pude ver los últimos coletazos del régimen anterior, sin comprender todavía demasiado lo valiosa y rara que es una democracia avanzada en este mundo de guerras y sátrapas. Hoy me limito a ejercer un derecho de opinión porque me gusta la política (aunque no me gustaría protagonizarla).

15 de enero de 2010

La contradicción de Vic

Los gastos en asistencia sanitaria y servicios sociales en estos malos tiempos que corren, y la disminución de ingresos municipales por la caida de la construcción y de la recaudación en general, llevan a los ayuntamientos a una situación complicada. El de Vic, además tiene una población extranjera proporcionalmente muy elevada – más del 14 % - y en esta población se ha cebado especialmente el desempleo (hay estudios que indican que la tasa de paro entre la población extranjera es más de diez puntos porcentuales superior a la que afecta a los nacionales).

No es de extrañar, con estas condiciones, que se haya producido la negativa para empadronar a más población inmigrante en esa población. Es fruto de una mala gestión de los poderes públicos y de una política tan demagógica como irresponsable, el que ahora tengamos en ciernes este grave problema, que se puede extender a muchos lugares de España y crear una gran alarma social. Es el momento para culpar a Caldera y a quienes defendían los papeles para todos, lo que ya hace tiempo motivo las recrimienaciones de nuestros socios europeos. Este es uno de tantos temas en los que el PSOE ha cambiado de chaqueta con descaro y sin dar explicaciones, igual que ha sucedido con el terrorismo e igual que parece sucederá con el nacionalismo.

Las imprudencias demagógicas se tornan después incómodos laberintos de los que hay que salir, pero lo verdaderamente insultante es que contando con el tiempo necesario y con la amnesia de la ciudadanía, estos políticos maniobreros y sin principios siempre consiguen salir del laberinto; y el electorado lerdo y adormecido lo perdona todo.

Claro que es comprensible la medida de Vic, pero es injustificable viniendo de quien viene. Los mismos que ahora quieren denegar el empadronamiento (y los servicios) a los sin papeles, tachaban a Rajoy de xenófobo no hace mucho, sólo por proponer un incremento de los controles en la entrada de extranjeros. Ahora ellos van mucho más allá y adoptan una medida que el PP ni siquiera se atrevió a proponer. Resulta criticable por lo que supone de incoherencia y de falta de principios.

Debe haber sistemas para que los ayuntamientos con elevadas proporciones de sin papeles, reciban ayuda, pero éstos no pueden rechazar de plano un problema que ya tienen y en cuya generación han contribuido, porque en tiempos pasados resultaba muy barata y rentable la mano de obra ilegal y extranjera.

Los inmigrantes censados han sido, además, utilizados para consultas populares sobre autodeterminación con la clara intención de aumentar el voto favorable a la independencia ¿Cómo pueden ahora rechazar a esos mismos ciudadanos como población empadronada?

La solución siempre debió ser el aumento de las restricciones en la frontera. La mayoría de la inmigración ilegal no ha llegado en patera, sino en autobús (los cientos de miles de centroeuropeos) o en avión (los otros cientos de miles procedentes de Sudamérica). Debió exigirse visado previo, acreditar mayores fuentes de ingresos, restringir la agrupación familiar, establecer algún tipo de carencia para la asistencia sanitaria no urgente, organizar más contingentes antes de su salida… cualquier cosa antes de enarbolar la bandera del papeles para todos, que no fue más que una imprudente invitación. Hoy nadie se atreve a negar el efecto llamada que se produjo.

Incluso en la época de vacas gordas, con la explosión de la demanda de empleo para la construcción, el servicio doméstico y demás servicios, éste era un tema muy delicado porque con nuestras decisiones podíamos afectar a todo el territorio Schengen y porque se podía hipotecar el futuro. Mucha de esa inmigración ha venido para quedarse. Muchos compraron pisos que ahora les están siendo embargados. Eso implica que percibirán o estarán percibiendo pensiones y subsidios. Sus familiares competirán por los servicios y prestaciones asistenciales y las coparán por encontrarse en situación de mayor urgencia que la población nacional. Está servida la posibilidad de conflictos. Solo hace falta algo más de tiempo. Lo triste es que para evitar estos conflictos, solo habrá una medida: inyectar más dinero público en los sectores más desfavorecidos, y ahora no hay dinero; hay un gran agujero de déficitque supera ya el 20 % del PIB nacional. Y hay también un descenso en la recaudación que no podrá paliarse con una subida de impuestos.

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