Datos personales

Soy un funcionario madrileño, y trabajo en la Seguridad Social. Nacido en una buena añada; la del 60. A la vez que empezaba a formarme como persona pude ver los últimos coletazos del régimen anterior, sin comprender todavía demasiado lo valiosa y rara que es una democracia avanzada en este mundo de guerras y sátrapas. Hoy me limito a ejercer un derecho de opinión porque me gusta la política (aunque no me gustaría protagonizarla).

13 de mayo de 2010

Esto es ya el colmo


Hoy me siento huérfano y deprimido. Y, como yo, imagino que mucha gente. Mi mujer y yo pertenecemos a un grupo al que siempre acaban lloviéndole las tortas: Somos la sufrida clase media. Los dos hemos trabajado mucho. En mi caso he opositado a un Cuerpo Superior de la Administración Pública, después de terminar mi carrera universitaria. Siempre hemos ganado un sueldo transparente; una nómina, que es presa fácil de los políticos oportunistas de todo signo. Como cualquier ser humano pretendería, lo que queremos es que el fruto de nuestro trabajo repercuta en beneficio de nuestros hijos. Siempre hemos querido administrarnos bien y hacer un pequeño patrimonio que haga la vida más fácil a nuestros descendientes.

Ahora yo me encuentro con que el Sr. Zapatero me va a quitar más del cinco por ciento (ya veremos en cuanto se queda) de lo que es la contraprestación por mi trabajo, porque ya ha destinado ese dinero por anticipado a comprar voluntades de colectivos concretos cuyo voto necesitaba en las elecciones generales, porque ha dedicado ese dinero a untar a las organizaciones sindicales y asegurarse así su docilidad, porque ha dedicado ese dinero a las ocurrencias de su política malabar y mentirosa.

Se habla de cómo afecta la crisis a otros colectivos. Naturalmente que es peor que la mía la situación de aquél que está en estos últimos meses esperando la cola de la oficina de empleo. Pero aparte de solidarizarme con él, yo le matizaría lo siguiente:

Lo que se nos paga a los funcionarios de carrera no es la causa de sus problemas. Es la falta de administración, los gastos ostentosos de los políticos, las dietas, los coches oficiales, los asesores, el afán por repartir subvenciones e intervenir en los sectores de la economía, los liberados sindicales, las unidades administrativas supérfluas, la invención de servicios innecesarios y costosos para el ciudadano, la contratación de consultorías y empresas de servicios, el pago a precio de oro de equipos informáticos obsoletos, y también - ¿Por qué no decirlo? – el exceso en el número de funcionarios… todo esto reproducido casi exponencialmente en muchas administraciones superpuestas: Ayuntamientos, diputaciones, comunidades autónomas, administración central y periférica del Estado y, por si fuera poco un Senado que no vale para nada y un colectivo de eurodiputados que se gastan un dineral en dietas de viajes en avión casi todas las semanas porque no fijan su residencia en Bruselas o Estrasburgo. Todo ello sin contar con fundaciones y asociaciones subvencionadas que en los últimos tiempos han surgido debajo de cada baldosín.

Un trabajador autónomo o un empleado de la empresa privada que está en estos momentos sufriendo puede abrigar esperanzas de que la situación mejore coyunturalmente e incrementar sus ingresos – cosa que les deseo -. Nosotros los funcionarios no tenemos esperanza de recuperar esta bajada, que ya quedará consolidada, porque cuando las cosas vayan bien seguro que tampoco se nos eleva el sueldo por encima del IPC anual, es decir, la pérdida de poder adquisitivo se queda para siempre.

Un autónomo o un pequeño empresario (con lo que – insisto – me solidarizo porque lo están pasando mal) pueden, no obstante, recurrir a la opacidad y la economía sumergida. ¡Cuantos perceptores de prestaciones y subsidios por desempleo, siguen trabajando en negro en lo que pueden, para salir adelante! No es que les censure esta actitud. Con un gobierno como el que tenemos es humano intentar zafarse de la presión fiscal y los trámites burocráticos, que se hacen especialmente gravosos en estos tiempos. Nosotros, los funcionarios no tenemos ese margen de maniobra. Somos el colectivo más transparente y menos defraudador de la sociedad, de ahí que las políticas ineptas y poco imaginativas siempre acaben cebándose con nosotros.

Ayer un sinvergüenza nos pedía solidaridad. Puede que él no sea culpable del maremágnum financiero en que la comunidad internacional se ha visto envuelta. Hay cosas fruto de la globalización que hoy nos hacen daño como país. Seguramente hay inversores tiburones, como dicen. Y no pongo en duda que sea urgente y necesario reducir ahora el déficit.

Pero este bobo que está todavía en el poder y no tiene la decencia de marcharse, es el mismo que se encontró con unos presupuestos saneados y un superávit hace apenas unos pocos años. Este papanatas es el mismo que hace poco le decía de forma chusca y sin gracia a Sarcozy que lo sentía por su amigo Sarcozy, pero España iba a superar a Francia en PIB y se vanagloriaba de haber adelantado a Italia. Este político es el mismo bocazas que decía sin ruborizarse que España estaba en la Champions league de las economías mundiales.

Ahora, después de su derroche y dilapidación impune de los recursos públicos, estamos con un déficit superior al 10 % y más de un 20 % de parados. Y Europa no nos perdona. Especialmente Francia y Alemania, dos paises con gobierno conservador que concede cierta importancia al equilibrio presupuestario y a los mercados financieros, están aprovechando como es natural su oportunidad y removiendo los ciomientos de la unión Europea para dar un golpe definitivo a ciertas economías emergentes como la nuestra (que osamos, en su día compararnos con ellos). Para defendernos frente a esto deberíamos haber tenido un gobierno serio y europeista de verdad y no a este títere de los sindicatos. ¿Cómo íbamos a ofrecer una imagen seria en Europa con este berzotas que cuando no está alineado con los bolivarianos revolucionarios del cono sur, se está sacando fotos con el pañuelo palestino o se está quedando sentado ante el paso de la bandera de los EE.UU. en el desfile de las FAS en Madrid?

Debo confesar que nunca he sentido como en los últimos años tanta vergüenza por mi propio país. Un país por cierto que se desintegra desde dentro, gracias a las iniciativas de su presidente que, en lugar de luchar por la activación de la economía, en lugar de haber tomado las medidas que podrían haber prevenido o paliado la situación actual, se ha dedicado a especular con el voto de los sectores independentistas ofreciéndoles a cambio verdaderos procesos preconstitucionales en sus territorios y alentando la falta de coordinación y la desunión de España y se ha dedicado a realizar ajustes de cuentas con la historia aderezados con gran aparato de propaganda y publicidad.

Mientras nos hundíamos, este político mediocre (lo más alejado que podamos imaginar de un estadista que ama a su país) ha estado más pendiente de cómo captar el voto de colectivos concretos, haciendo equilibrismos presupuestarios y buscando la manera de hundir a su adversario político. Ha estado recurriendo a la propaganda más agresiva que hemos tenido desde que hay democracia, ha estado dividiendo a la sociedad española, fracturándola para sacar rédito electoral y ha desoido todas las recomendaciones para administrar con una mínima prudencia el gobierno sólo por el hecho de que éstas coincidían con las propuestas del PP. Lo único que le preocupaba era mantenerse en el poder al precio que fuera y, para ello, pasaba a buen seguro más tiempo maquinando intrigas, que resolviendo de verdad la situación laboral y financiera del país.

Ayer le tocó, por fin, adoptar medidas impopulares que le distancian de sus bases, de aquéllos que más engañados tiene, le distancian de Rodiezmo y del puño (irresponsable) en alto. Pero sólo ha sido después de que le presionen los Estados Europeos y el propio Obama y quién sabe si también los chinos que tengan comprada deuda pública española. Es de esperar que esta decisión le pase factura. Es algo que deseo fervientemente, porque no se merecería pasar a la historia como el político responsable que tomó medidas impopulares para atajar la crisis. Eso sería nuevamente uno de esos maquillajes a los que tan aficionado es. La clave aquí es que se ha visto obligado por la presión externa a adoptar estas medidas contradictorias con su política irresponsable que es la causa de haberlas tenido que aplicar.

Eso haría dimitir a cualquier político que tuviera un poco de decencia.

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