Parece que se están empezando a dar cuenta – tarde y mal – de que este camino no lleva a ninguna parte. El PSOE ha querido ser una máquina de ganar elecciones. Y sólo cuando la estrategia escogida no sirve ya para ganar , se les antoja oportuno hacerse preguntas y replanteamientos.
No antes.
Quiere esto decir que de verdad no les importa que el camino sea erróneo, sino que les lleve a perder el poder. Se aproximan varias citas electorales importantes: Cataluña, Extremadura, y otras hasta llegar a las elecciones generales y algunos barones regionales del PSOE ya ven que no les beneficia en absoluto la imagen del presidente mentiroso que tenemos ahora. Pero estos líderes le han perdonado todas sus ocurrencias hasta la fecha. Le han tolerado y jaleado sus devaneos populistas con la clase trabajadora y con todos aquellos colectivos que se llevan mal tradicionalmente con la derecha, su manipulación de una opinión pública deseosa de paz y asustada por el 11M, sus desaires a los políticos liberales europeos y del otro lado del océano, su errónea política de alianza de civilizaciones y alineamiento con gobiernos bananeros, su revisionismo histórico cicatero y revanchista intentado asociar la imagen de sus oponentes actuales con el régimen dictatorial que tuvo España hace más de treinta años, su manipulación y envenenamiento del mundo judicial y policial, su anticlericalismo beligerante, y sobre todo, su traición a su propia ideología y programa electoral, al aprobar por decreto ley las recientes congelaciones salariales y de pensiones y favorecer el despide con la llamada reforma laboral.
Le han perdonado hasta ahora absolutamente todo y ha sido un desastre sin paliativos. ¿Dónde han estado durante estos años los felipistas y guerristas? ¿Dónde han estado los barones? Solo ahora cuando ven que la deriva va directa al naufragio, las ratas abandonan el barco.
Se ha odio ayer a Barreda criticar a los “líderes nacionales” y sugerirles que no se les ocurra asomar el hocico por Castilla la Mancha durante su campaña electoral. Se ha oído también a Guerra hablar de la “señorita Trini” y se han podido leer artículos incendiarios como el de Rodríguez Ibarra contra los nacionalismos. Alguno ya llevaba criticando el zapaterismo desde tiempo atrás, como el Sr. Leguina. Pero casi todos han estado callados hasta hace bien poco.
Ahora la máquina se descompone; el armazón, podrido por la carcoma, se derrumba.
Pero ojo. Solo hace falta que la economía repunte un poquito para que este pueblo idiota que somos les perdone todos sus pecados.
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