Datos personales

Soy un funcionario madrileño, y trabajo en la Seguridad Social. Nacido en una buena añada; la del 60. A la vez que empezaba a formarme como persona pude ver los últimos coletazos del régimen anterior, sin comprender todavía demasiado lo valiosa y rara que es una democracia avanzada en este mundo de guerras y sátrapas. Hoy me limito a ejercer un derecho de opinión porque me gusta la política (aunque no me gustaría protagonizarla).

19 de mayo de 2011

Indignados en Sol





Quizás en el origen de este curioso movimiento de indignación que se está produciendo estos días en torno a la Puerta del Sol y otros lugares de España, esté el libro “Indignaos” de Stephane Hessel. También puede haber surtido algún efecto por imitación, el fenómeno de las revoluciones de las redes sociales de internet y su pretendido protagonismo en los levantamientos populares que ha habido en países del Magreb y Oriente Medio.


Hay una cosa clara; y es que se ha jugado a la asociación de ideas entre el perverso capitalismo y los políticos poderosos… naturalmente de la derecha (que sería la única, en este universo simplón y maniqueo, en pecar contra lo que llaman los intereses generales). La verdad es que el mundo es mucho más complicado. El capitalismo es consustancial a la naturaleza humana, y la superación artificiosa de esa realidad no ha sido posible nunca; todos los intentos han fracasado estrepitosamente.


Hoy vemos por desgracia cómo los gobiernos de izquierda han entrado de lleno en ese mundo. Pretenden hacernos creer que estamos ante la crisis de un sistema y quienes están realmente en crisis son los políticos e instituciones que han de controlar ese sistema.


Lo mejor sin duda para el interés general es la competitividad. No es que se sucumba ante ella. Es que los políticos se dejan corromper y entran donde no deben para intentar alterarla. Los principios y valores de solidaridad y conciencia social deben formar parte del acervo cultural de una sociedad y deben estar además libres de ideologías sectarias que intenten apropiarse de los mismos y, a la postre, los perviertan. Esos principios deben carecer de ideología y, para ello, el primer paso – imprescindible – es que el gobierno de turno no caiga en la tentación de intervenir.(vemos sin embargo que los políticos del PSOE y de IU están locos por que les dejen identificarse de alguna manera con este movimiento, para parasitarlo como garrapatas y viajar a sus lomos hasta unas nuevas elecciones).


Muchos de los que dicen sentirse indignados en estos días buscan que los gobiernos se impliquen, supuestamente para una limpieza. En realidad lo que tienen que hacer es empezar barriendo dentro de su casa. Y da la casualidad de que en España tenemos un gobierno de izquierdas desde hace casi ocho años.
Gran parte de la indignación viene como consecuencia del paro, de la falta de recursos, de la pérdida de viviendas por no poder pagar la hipoteca etc. Los ciudadanos están indignados: En su momento quisieron comprar más de lo que podían, endeudándose de forma imprudente. Nadie les obligó a ello. ¿es que acaso se puede prohibir que alguien se hipoteque para adquirir una vivienda? Y todos esos jóvenes que trabajaron en el sector de la construcción y ahora están en el paro. La llamada generación “nini”. ¿De quién es la culpa de su irresponsabilidad, de que no hayan sabido invertir en sí mismos y en su formación? ¿Es la derecha la culpable? ¿O quizás una izquierda que quiso aburguesarse y no supo hacerlo? Este aburguesamiento – en su sentido peyorativo – supone algo así como la adquisición irresponsable de bienes, la falta de sentido de la medida, la falta de formación para identificar dificultades futuras, la falta de planificación. España estaba llena de nuevos ricos consumiendo y haciendo crecer artificialmente la economía.
En su sentido positivo, que no utilizamos aquí, la burguesía supone la desaparición de las clases sociales y el acercamiento de los extremos. Es el beneficio de la no polarización de la sociedad: Todos podemos ser propietarios, empresarios, artesanos etc. y podemos incluso intercambiar las posiciones a lo largo de nuestra vida y si tenemos dificultades para ello, al menos podemos conseguir que las cosas cambien en la siguiente generación. Para eso hace falta esfuerzo y formación (y no movilizaciones contraculturales). En tiempos recientes ha habido una suerte de espejismo que ha llevado a muchos a creer que entraban en una situación nueva que les brindaba la posibilidad de consumir por encima de lo razonable. Nadie les avisó de la imprudencia, que sirvió a demás para que hicieran negocio otros. Ahora, una vez que han caído de la nube, están encolerizados.


Pero todos hemos de admitir nuestra cuota de responsabilidad. No se puede jugar a tener una sociedad infantil que se líe a hacer movilizaciones dirigidas por otros, que no asuma en toda su dimensión la situación en la que nos encontramos, que no reniegue de los subsidios y ayudas inmerecidos, que no se ponga las pilas, en definitiva.
Cuando Hessel habla de “empujar a los que nos destruyen”, como si así fuéramos a conseguir una democracia más efectiva, está manoseando de nuevo el viejo concepto de lucha de clases (porque en otros pasajes se identifica a los destructores con los capitalistas). ¿Es un restyling de viejas ideologías, lo que se nos está proporcionando? Parece que puede ser así, solo que en esta ocasión, en lugar de estar frente a gruesos tratados, nos encontramos ante un librito de sesenta páginas.
Algunos elementos destacados de la progresía han destacado en días pasados de una forma inusitada la importancia del librito de Hessel, quizás preparando un escenario que intuían que podía dar de sí ante las elecciones que se avecinaban. Uno de ellos – y no de los más brillantes – fue la actriz Cayetana Guillén Cuervo en un artículo publicado en días pasados en El Mundo que titulaba igual que el libro. En el mismo decía que debíamos luchar contra el totalitarismo con traje de chaqueta ¿Qué quiere decir Cayetana cuando se refiere a un totalitarismo con traje de chaqueta? Parece apuntar a sectores muy concretos de la sociedad. A los grupos pudientes de presión. ¿Quizás los bancos y los grandes empresarios? Y yo le diría ¿Quién tiene que hacer de contrapeso frente a ellos? Precisamente los poderes públicos. Y hete aquí a unos poderes públicos que, de por sí constituyen un importante grupo de presión – el de los partidos políticos – absolutamente corrompidos y de forma especial quienes han estado en el poder central y en Comunidades como Andalucía y Cataluña, es decir, los socialistas. Imagino que Cayetana también los considerará incluidos entre los totalitarios con chaqueta.


Esos políticos que deberían defendernos no lo hacen porque están sobornados. Nosotros somos las gallinas y ellos son el zorro en el gallinero. La corrupción impide la defensa de los débiles. La corrupción ata de pies y manos a los políticos frente a los poderosos y deja a estos últimos libres, campar por sus respetos, sin control alguno. Por eso hoy, por encima de todo habría que exigir un gobierno, unos ayuntamientos, unas comunidades autónomas, en las que se buscara sincera y realmente el bien de los ciudadanos, suficientemente castigados por esta clase dirigente que tenemos. Si en esto consistiera el movimiento ciudadano que se ha venido gestando, yo me puntaba inmediatamente.

Sería exigible que de forma inmediata se redujeran los gastos hasta llegar a un mínimo imprescindible: Cerrar embajadas innecesarias, cerrar fundaciones, eliminar puestos de trabajo que se han creado a dedo para colaboradores sin oposición, eliminar coches oficiales, fiestas, condecoraciones, prerrogativas, dietas, reducir pensiones de los políticos hasta su equiparación con otras profesiones. Sería absolutamente vital que en ayuntamientos y comunidades autónomas dejaran de maquinar para inventarse nuevos servicios que, a su vez, generar aumento de su estructuras y de su gasto.


No hay dinero. Sencillamente no hay. Y si queremos atender a la ciudadanía, si queremos calmar a los indignados, no podemos darles milongas. Tenemos que proporcionarles las condiciones para que encuentren empleo, para que puedan subsistir sin ayuda de nadie. Tenemos que olvidarnos de influirles y procurar que se formen por sí mismos – como quieran y en donde quieran – para que voten o retiren el voto cuando y como quieran. Una sociedad madura tiene que tener en sus manos su propio destino. No podemos tener aborregada a la gente con programas del corazón y luego extrañarnos de que clamen desorientados cuando las cosas van mal.


Como decía, está teniendo una repercusión desorbitada el movimiento antisistema que curiosamente a pocos días de las elecciones locales, se ha plantado en la Puerta del Sol de Madrid. Se pretende un movimiento neutral que abomina de todos los políticos, pero surge casualmente a pocas fechas de unas elecciones locales de gran importancia, lo que denota un intento de influir en las mismas. Sobre lo que hay detrás de este movimiento se pueden hacer múltiples conjeturas. De forma espontánea es muy difícil congregar a tanta en gente en un lugar concreto, por tanto está claro que hay una organización previa.


Algunas de las cosas que piden son razonables: Los ciudadanos, especialmente los jóvenes tienen derecho a vivir de su sueldo, sin preocupaciones y sin la negritud que emborrona su futuro. El trabajo es un derecho constitucional y los poderes públicos deben velar por su materialización. Lejos de hacerlo parecen estar aliados con los poderosos para ocuparse de otras cosas, llevando de paso a la indigencia a grandes bolsas de población. Si estas “concentraciones” ciudadanas han servido para recordarles esa obligación a los políticos, bienvenidas sean. Pero aquí ha habido algo más. Sin duda ha habido consignas, ha habido convocatoria, ha habido chavales bienintencionados que se han movilizado y se encuentran allí sin saber muy bien qué hacer, creyéndose los protas de una especie de revolución tipo Mayo del 68 o Plaza de Tiannamen.
He visto en televisión un par de entrevistas a alguno que dice ser un portavoz . La gente que tenían detrás bajo las lonas, estilo jaima, extendidas sobre sus cabezas, daban la impresión de ser un heterodoxo conglomerado de estudiantes, graffiteros y okupas. Podrían perfectamente estar en un botellón. He visto pancartas contra el festejo taurino y contra la caza de focas.
Se proponen aguantar hasta la víspera de las elecciones locales y organizar una manifestación en esa misma jornada que supuestamente debe ser de reflexión. La Junta Electoral provincial ya ha declarado la ilegalidad de esta concentración, consciente de que puede pervertir o influir en el proceso electoral.


Si se une este factor (la fecha y el plan) con los principios que tienen en su escueto e irrisorio manifiesto, que se puede encontrar en la página web de “Democracia real ya”se puede extraer fácilemente la conslusión de que se trata de un movimiento claramente de izquierdas.


En el manifiesto incluyen peticiones impracticables e irresponsables, importándoles bien poco cómo se consiguen y de dónde se saca el dinero. Proponen la nacionalización de instituciones financieras o la expropiación forzosa de viviendas desocupadas para que se ofrezcan en alquiler (barato y subvencionado. Proponen diversas medidas económicas que denotan bisoñez de ideas y poco conocimiento del mundo en el que vivimos. Pero sobre todo proponen una mayor participación, una democracia más directa y asamblearia: Acabar con el bipartidismo.
Resulta curioso que digan que este modelo de bipartidismo ha llegado a sus límites y está agotado. Lo hacen justamente ahora, cuando se advierte que el PSOE gobernante ha fracasado en todos y cada uno de los frentes de experimentación social en los que se ha sumergido.


Para mí, esto indica que la mayoría de ellos son votantes de izquierda desencantados. Probablemente muchos no desean la alternancia política porque quieren mantenerse fieles a una ideología de izquierdas, pero el partido en el que su voto sería útil les ha fallado. El partido del gobierno es el que precisamente ha aprobado a la postre los recortes sociales y el que ha llevado a la práctica - forzado por la UE – un programa de actuaciones contradictorio con sus principios.
Ante este escenario, seguro que Izquierda Unida subirá, pero puede haber una debacle electoral del PSOE, si no sucede algo similar al 11M.


Veremos qué pasa el 21 y el 22 de mayo.

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