Datos personales

Soy un funcionario madrileño, y trabajo en la Seguridad Social. Nacido en una buena añada; la del 60. A la vez que empezaba a formarme como persona pude ver los últimos coletazos del régimen anterior, sin comprender todavía demasiado lo valiosa y rara que es una democracia avanzada en este mundo de guerras y sátrapas. Hoy me limito a ejercer un derecho de opinión porque me gusta la política (aunque no me gustaría protagonizarla).

13 de febrero de 2012

Adiós Garzón

Garzón, vedette de infinita vanidad ha encontrado al final quien le tosa. Ha tenido que ser un Tribunal Supremo y en unos nuevos tiempos políticos, porque todos sabemos que con los anteriores, el juez estrella era intocable. Pero esto en absoluto significa que el juicio haya sido político, tal y como muchos quieren hoy afirmar. Garzón ha cometido las suficientes torpezas – yo diría tropelías – como para ganarse el reproche de todo el mundo jurídico, salvo contadas y significativas excepciones.
Los tres procesos por los que ha sido imputado 
denotan una actuación intolerable para una sociedad democrática como la nuestra, en la que un hombre exprime al máximo la autoridad que le confiere su condición de juez, para inmiscuirse de forma directa y descarada en la política. Una persona que debería ser escrupulosamente independiente, entra de lleno en el sectarismo político y se alía con unas corrientes de opinión – para quienes hoy es  un abanderado y un héroe – impartiendo su justicia, de una forma muy peculiar y nada objetiva.
En el concreto caso de la trama Gürtel, la sociedad debería reprocharle ahora haber contaminado el proceso provocando la ilegalidad de su instrucción y la consecuente falta de posibilidades para inculpar a procesados que lo eran probablemente por indicios bastante racionales de criminalidad. Garzón ha sido pues, bastante torpe. Lo fue ya acudiendo a jornadas de caza mayor junto a un ministro imprudente (quién se acuerda hoy de él) y un alto comisario de los que manejan los asuntillos de Rubalcaba. Ya en época de franco se movían hilos importantes en las cacerías por parte de los afectos al régimen. Hoy parece que algún socialista ha tomado ese ejemplo sin aprender nada de la historia. Lo que resulta curioso es que sea el tan respetado Garzón quien se haya prestado a posar en esas fotos enfundado en un completo traje de cazador pijotero. Su falta de visión le ha conducido a eso, como a tantos otros errores que sería prolijo enumerar.
En aquellas jornadas de caza se discutió sin duda la estrategia a seguir en el Gürtel empezando ya a inaugurar un proceso nada escrupuloso que orilló un elemental principio de justicia, consistente nada más que en seguir una garantías predeterminadas que en síntesis configuran el derecho constitucional de los ciudadanos a tener un juicio justo (tutela judicial efectiva). Esas garantías, bien conocidas por el Tribunal Supremo que ayer condenó a Garzón, consisten entre otras cosas en:
·         Impedir el filtrado de documentos del sumario declarado secreto: Sabemos que el filtrado ha existido, porque hemos visto documentos secretos aparecer en determinados medios de prensa y sobre todo porque se vio unos de esos documebtos en manos de un diputado socialista de Alicante. No se sabe sin embargo el autor de esa filtración y no se le puede imputar al titular del juzgado por este motivo, aunque tampoco nadie vió que el juez protestara contra esta actividad ilícita.
 
·         Conseguir que la Fiscalía General del Estado actúe con imparcialidad: en el proceso Gürtel no sólo no ha actuado para preservar el derecho de defensa sino que ha contribuido a vulnerarlo, avalando la actuación del juez Garzón. Tampoco de esto es responsable el juez Garzón.
 
·         Poner los medios para respetar la confidencialidad entre el presunto delincuente y su abogado, algo que no sólo no se hizo, sino que deliberadamente se incumplió ordenando a la policía las escuchas de forma genérica, sin concretar caso por caso y en un asunto que no era de terrorismo. Esta vulneración del derecho de defensa ha sido el objeto de esta sentencia. Aquí si podemos encontrar la verdadera causa por la que ha resultado condenado garzón, por prevaricar.
Hay a quien le parece que la sentencia ha sido demasiado dura, pero la realidad es que Garzón ha prevaricado y ése es un delito especialmente grave para la profesión judicial. De hecho el más grave que se puede cometer en el ejercicio de esa profesión. Él sabía para qué casos estaba reservada la posibilidad de intervenir y grabar las conversaciones de los procesados con sus abogados. El artículo 51 de la Ley Orgánica General Penitenciaria no tiene vuelta de hoja: Sólo se puede hacer en casos de terrorismo. E incluso tratándose de terroristas habría que haberlo hecho de otra manera: Concretando un alcance subjetivo (a qué abogados afecta), objetivo (qué conversaciones) y temporal (durante cuánto tiempo). Garzón no ha hecho ninguna de las tres precisiones, pisoteando aún más el derecho a la defensa.
Esto le puede parecer a muchos, tecnicismos interpretables, pero quienes están en el derecho, saben de la importancia de aplicar la ley sin abusar de la cosecha propia y de interpretar en su caso siempre la opción más favorable para el reo. Garzón lo sabía, y por eso ha prevaricado.
¿Qué la derecha le tiene ganas a Garzón? Es indudable. Quizás tenga algo que ver el hecho de que Garzón lleva largos años lanzando sus dardos justicieros en una única dirección. Pero hoy no es ése el problema. El Tribunal Supremo le ha condenado por unanimidad y dentro de este alto órgano jurisdiccional hay jueces de los llamados progresistas.
La verdadera causa de la condena es que lo ha hecho muy mal. Muchos podemos suponer por qué, pero eso es otra historia.

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