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De la misma manera que los gitanos rumanos llevan niños en
los brazos para intentar conmover a la gente y sacarles la limosna, hoy hemos
podido ver a Carolina Bescansa, la diputada de PODEMOS estrenándose en el hemiciclo del Congreso
con un bebé en los brazos. ¿Qué significado se le puede atribuir a esto? Es un
claro postureo; una utilización del inocente niño en beneficio de la madre para
la búsqueda del voto “diverso”, porque esta gente está empeñada en buscar la
diversidad. ¿Se llevarán también un día el caniche al Congreso?
¿Qué pretende decirnos esta política con este gesto? ¿Qué tiene
dificultades para conciliar su vida familiar? ¿Tan exigente es el horario y las
vacaciones de los señores diputados? (yo estaba convenció de los contrario…)
¿Es que acaso no tiene dinero esta buena madre para dejar a su hijo en la
guardería, como hemos hecho todos? Porque la verdad es que en ningún trabajo te
permiten llevarte un niño de tan tierna edad que en cualquier momento puede
echarse a llorar. ¿Y si con el llanto o con el aroma de una caquita desvía la atención
de la Mesa del Congreso y de sus señorías y se produce algún error fatal en la
votación de una proposición de ley, de consecuencias irreversibles para el
país. Lo importante es que el niño aprenda in situ el arte de Maquiavelo, para
que viva como su madre de la política toda la vida, sin dar un palo al agua.
Esta postura es ridícula pero la nueva izquierda, ya se
sabe, también lo es. Ya me lo pareció cuando Carmen Chacón pasaba revista a un
destacamento militar con el bombo, aunque bien es cierto que aquello era más
difícil de evitar.
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