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Soy un funcionario madrileño, y trabajo en la Seguridad Social. Nacido en una buena añada; la del 60. A la vez que empezaba a formarme como persona pude ver los últimos coletazos del régimen anterior, sin comprender todavía demasiado lo valiosa y rara que es una democracia avanzada en este mundo de guerras y sátrapas. Hoy me limito a ejercer un derecho de opinión porque me gusta la política (aunque no me gustaría protagonizarla).

13 de enero de 2016

Falta que lleven el caniche también

El bebé de Bescansa, protagonista hasta en las votaciones
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De la misma manera que los gitanos rumanos llevan niños en los brazos para intentar conmover a la gente y sacarles la limosna, hoy hemos podido ver a Carolina Bescansa, la diputada de PODEMOS estrenándose en el hemiciclo del Congreso con un bebé en los brazos. ¿Qué significado se le puede atribuir a esto? Es un claro postureo; una utilización del inocente niño en beneficio de la madre para la búsqueda del voto “diverso”, porque esta gente está empeñada en buscar la diversidad. ¿Se llevarán también un día el caniche al Congreso?
¿Qué pretende decirnos esta política con este gesto? ¿Qué tiene dificultades para conciliar su vida familiar? ¿Tan exigente es el horario y las vacaciones de los señores diputados? (yo estaba convenció de los contrario…) ¿Es que acaso no tiene dinero esta buena madre para dejar a su hijo en la guardería, como hemos hecho todos? Porque la verdad es que en ningún trabajo te permiten llevarte un niño de tan tierna edad que en cualquier momento puede echarse a llorar. ¿Y si con el llanto o con el aroma de una caquita desvía la atención de la Mesa del Congreso y de sus señorías y se produce algún error fatal en la votación de una proposición de ley, de consecuencias irreversibles para el país. Lo importante es que el niño aprenda in situ el arte de Maquiavelo, para que viva como su madre de la política toda la vida, sin dar un palo al agua.

Esta postura es ridícula pero la nueva izquierda, ya se sabe, también lo es. Ya me lo pareció cuando Carmen Chacón pasaba revista a un destacamento militar con el bombo, aunque bien es cierto que aquello era más difícil de evitar. 






















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