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Soy un funcionario madrileño, y trabajo en la Seguridad Social. Nacido en una buena añada; la del 60. A la vez que empezaba a formarme como persona pude ver los últimos coletazos del régimen anterior, sin comprender todavía demasiado lo valiosa y rara que es una democracia avanzada en este mundo de guerras y sátrapas. Hoy me limito a ejercer un derecho de opinión porque me gusta la política (aunque no me gustaría protagonizarla).

7 de enero de 2016

¿Dónde estaba Jesús?



Lo que ha sucedido esta Navidad en Madrid y otros Ayuntamientos en los que gobierna la izquierda es una afrenta en toda regla buscada y orquestada desde los colectivos anticlericales, desesperados por desposeer a la Iglesia y el cristianismo de todo contacto con el pueblo. 

He oído el lamentable discurso de ese payaso contratado,  vestido con cortinas de ducha, que se hacía pasar por el rey Melchor y decía haber atravesado muchos mundos siguiendo una estrella "que les marca el nacimiento de un niño, la esperanza, que sois vosotros..." ¡Hay que ver los equilibrismos que hace para no nombrar a Jesús. ¿Pero, cómo va a nombrar al Niño Dios, recién nacido, delante de una atea militante, de la que cobra el sueldo? 

Ignoran deliberadamente que el objeto y origen de estas fiestas de Navidad es precisamente ése: Para recordar el nacimiento de Jesús que vino a nacer entre nosotros para salvarnos de nuestros pecados. Se puede o no creer en ello, pero si no se cree, al menos hay que respetar a los demás. 

Sin embargo esta izquierda rancia no es capaz siquiera de quedarse un día en su casa y dejar que los cristianos celebren en paz sus fiestas. Cierto es que ya, debido al consumismo están demasiado desnaturalizadas, como para que venga también el ateísmo militante a denostarlas aún más. Además la fiebre del consumo de estos días es un aditamento inocente, en el que los comercios y empresas buscan hacer negocio e indirectamente se favorece el empleo de muchos, pero desposeer a la navidad de su sentido religioso no tiene nada de inocente: Sustituir por ejemplo, como han hecho en Valencia, a los reyes magos, por tres reinonas cutres, que simbolizaban la libertad, igualdad y fraternidad, es una evidente actividad contraprogramadora que busca socavar el símbolo de los católicos e imponerles un trágala infecto e inoportuno.  



Hoy, además, es un día para no olvidar que la número dos de la alcaldesa Carmena, que hoy recibía a "los reyes magos" protagonizó lamentables escenas en la Universidad Complutense para el cierre de una inofensiva capilla que allí había instalada, al grito de "¡Menos rosarios y más bolas chinas! o ¡Arderéis como en el treinta y séis!

Pero si seguimos con el discurso, constatamos que el Melchor de pacotilla aprovecha para cascarnos de nuevo su adoctrinamiento para la ciudadanía, como si la fiesta de la Navidad fuera el momento más oportuno para referirse a la ecología y las energías alternativas. 

De la propia cabalgata se suprimen los animales, con el pretexto del maltrato y la cultura y villancicos tradicionales españoles son por completo ignorados para dar paso a la Guerra de las Galaxias y las bandas sonoras de zombies que acompañaban el paso de las estramboticas carrozas reutilizables en el día del orgullo gay. 

Y qué decir de la música del recreado rey Baltasár, un berere recién llegado del magreb o de más abajo. Yo no sé si el pobre habrá venido a la península en patera y siento de verdad el drama de los inmigrantes, pero eso no es algo que tenga nada que ver con un día en el que los niños solo quieren disfrutar con la ilusión de los regalos y la magia de unos reyes magos de tradición cristiana: El sonido claramente se puede asociar con otra cultura que nada tiene que ver con la nuestra, cultura que, por cierto, es de raíz musulmana, es justamente la de aquellos contra quienes batalló el cristianismo que hoy debería en su fiesta conmemorar la adoración de los reyes al niño Jesús. 

¡Qué pena de espectáculo! Señor Dios: Perdónales, porque no saben lo que hacen. 


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