Datos personales

Soy un funcionario madrileño, y trabajo en la Seguridad Social. Nacido en una buena añada; la del 60. A la vez que empezaba a formarme como persona pude ver los últimos coletazos del régimen anterior, sin comprender todavía demasiado lo valiosa y rara que es una democracia avanzada en este mundo de guerras y sátrapas. Hoy me limito a ejercer un derecho de opinión porque me gusta la política (aunque no me gustaría protagonizarla).

28 de septiembre de 2017

Los trucos de Ada Colau



Un periodista hacía esta pregunta a Ada Colau, en un breve receso de su descanso por maternidad

-¿La fecha del 1-O, en forma de ultimátum, complica la salida?

Su respuesta:

“-El gran consenso de país que nos debe movilizar es el referéndum, evidentemente efectivo, con garantías y al que todo el mundo se sienta llamado. Con un Gobierno del PP, inmovilista y autoritario, no es nada fácil. No engañemos a la población: el objetivo no es sencillo. Es irrenunciable, porque la crisis del modelo autonómico es irreversible, pero no se puede precipitar cuando no depende solo de ti. Hay que asumir la complejidad y que hay objetivos difíciles que necesitan más tiempo del que querrías. Entiendo la impaciencia de algunos, porque el bloqueo del PP es exasperante, pero tirar millas con el referéndum no es eficaz. Junts pel Sí tienen prisa porque no han cumplido su compromiso electoral de proclamar la independencia en 18 meses. Les pediría responsabilidad, que no se pongan en peligro los objetivos de país ni los grandes consensos. El 2 de octubre deberemos seguir trabajando por este referéndum.”

Se trata de una respuesta truculenta, trufada de falsedades y descalificaciones. 

Pide consenso sobre el referéndum y se refiere a un país. Debemos suponer que ese país es solo Cataluña, porque si hablamos de toda España, las cifras que resultarían serían todo lo contrario: Consenso en NO celebrar el referéndum catalán. Si nos ceñimos solamente al territorio de la Comunidad catalana, siempre vamos a encontrar un porcentaje muy elevado de gente que quiere seguir siendo española y no desea siquiera el riesgo de que esa realidad actual se vea en peligro como consecuencia de una votación. Son muchos los que hoy dicen que votarían que no pero que debe al menos celebrarse la consulta. Entre ellos, la señora Colau. Y muchos de éstos probablemente estén mintiendo respecto a sus intenciones. El riesgo efectivo de segregación en esta loca y desinformada sociedad que padecemos hoy día, NO CABE DUDA DE QUE ES REAL Y EXISTE. Por lo tanto, ni siquiera en Cataluña existe ese consenso, tal y como ella misma reconoce. Para alcanzarlo hay que seguir movilizando a la sociedad, aunque el hartazgo de ésta sea cada vez mayor. Se debe entorpecer la vida cotidiana impidiendo el uso de una de las lenguas co oficiales (según determina una Constitución que la autoridades catalanas no reconocen ni cumplen). Se debe seguir pagando condinero público procedente de los bolsillos de todos los cioudadanos – incluso los que no están de acuerdo – todas las embajadas en el extranjero, los medios de prensa, las parciales y sesgadas televisiones públicas, las campañas publicitarias y el merchandising de los actos ilegales. 

La gente en contra de la independencia de Cataluña está en torno a la mitad, quizás algo más. En Cataluña hay muchos Garcías, Rodríguez y Sánchez, y en el resto de España hay muchos Puig, Capdevila o Domenech, fruto del intercambio histórico a lo largo de siglos en uno de los Estados del mundo más antiguos y con una historia más interesante y más repleta de fechas relevantes. 

Resulta que por negarse a esto (con el apoyo de la mayoría de los españoles, en los que reside la soberanía), Rajoy es autoritario. Esta es otra de las grandes mentiras. Rajoy es un gobernante que atraviesa por una gran debilidad, fruto de la composición inquietante del Parlamento. Esta composición debe respetarse porque es el resultado de la soberanía del pueblo. Con matices que podrían discutirse, como la representatividad de los partidos nacionalistas, puede afirmarse que el Parlamento actual, es lo que el pueblo ha querido. Y es de demócratas respetar esta realidad. La democracia – por mucho que nos quieran indicar lo contrario – no consiste en permitir que una minoría haga lo que quiera, en base a un pretendido sentimiento, que no se puede medir, pero sí alterar fácilmente con el manejo sectario de los medios educativos y la propaganda. 

Dentro de esa debilidad, respetuoso con las mayorías y de una forma que llega a ser desesperante en opinión de muchos, por su falta de decisión y de autoritarismo, Rajoy hace lo que puede por luchar contra quienes quieren desgajar una parte del territorio que gobierna (y cuya obligación es defender y mantener unido). Y dentro de esa lucha Rajoy, y el partido político que lidera, deben hacer lo que esté en sus manos (que no es mucho) por combatir en buena lid y sin perder el sentido de la proporcionalidad las continuas provocaciones de los nacionalistas y sus grandes aliados que no son otros que los partidos de izquierdas. Por lo tanto, si actúa con el respaldo de la mayoría de los españoles y no incurre en la desproporción al adoptar las medidas ¿Dónde está el autoritarismo? ¿O es que quizás ser autoritario es no estar de acuerdo con un acto anticonstitucional, por el cual una minoría quiere preguntar y seguir preguntando hasta que obtenga la respuesta deseada, si los ciudadanos catalanes quieren marcharse de España? ¿Se puede ser autoritario teniendo el apoyo parlamentario que actualmente tiene Rajoy?

Añade Colau que hay que asumir el referéndum porque la crisis del modelo autonómico es irreversible. 



El modelo autonómico fue un intento tan honesto como equivocado por reconocer las peculiaridades de las comunidades históricas y menos históricas de nuestro país y acomodarlas dentro de un marco general de normas y convivencia. Hoy este modelo ha entrado en crisis por varias causas, pero sobre todo debido a la deslealtad de las comunidades llamadas “históricas” y la multiplicación del gasto administrativo y la necesidad del PSOE de seguir alentando inútilmente aspiraciones nacionalistas para conseguir rédito electoral.

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