Datos personales

Soy un funcionario madrileño, y trabajo en la Seguridad Social. Nacido en una buena añada; la del 60. A la vez que empezaba a formarme como persona pude ver los últimos coletazos del régimen anterior, sin comprender todavía demasiado lo valiosa y rara que es una democracia avanzada en este mundo de guerras y sátrapas. Hoy me limito a ejercer un derecho de opinión porque me gusta la política (aunque no me gustaría protagonizarla).

24 de abril de 2021

 



¿Mensaje xenófobo? Puede que sí. La cuestión es si no habría que plantearse hasta qué punto un régimen moderado de xenofobia no sería aceptable y bueno para un país. Es verdad que la gente que viene, en su mayoría, solo pretende trabajar y prosperar en la vida. Han tenido la mala suerte de nacer en un lugar poco indicado para ello y, por eso deciden moverse. No todos ellos están muriéndose de hambre ni tampoco todos ellos proceden de escenarios de guerra. Simplemente han tenido noticias del primer mundo en un contexto cada vez más globalizado, y quieren entrar en una dinámica de consumo y de bienestar que no tienen en su país. La migración que entra en EE.UU. por la frontera mejicana es abrumadora y, si no amenaza del todo con trastocar la identidad de ese país es porque tiene una población muy numerosa y porque tiene un concepto unitario de Estado en el que prima el concepto de la Unión sobre los federalismos y en el que se ve con mucha mayor profusión la bandera de las barras y estrellas que las de los Estados federales. La que entra en España se encuentra con una identidad en perpetua amenaza y con un verdadero separatismo (no federalismo sincero que acepte el Estado unitario). Llegan a un país dividido en el que se sigue mencionando una guerra civil de hace más de ochenta años y se sigue haciendo catas al terreno para desenterrar cualquier muerto que sirva para avivar el fuego del odio y sacarle una rentabilidad política. Algunos de ellos que han llegado hace ya algunos años, entran en la política para sumarse a esta batalla. No saben nada. No comprenden nada. Pero son manipulados por algunos políticos sin escrúpulos para criticar a sus adversarios políticos la falta de solidaridad. Ellos mismos, los propios inmigrantes, en su inmensa mayoría y, con toda lógica, tienen muy pocos escrúpulos morales. Nos ven como la sociedad que inmerecidamente vive derrochando cuando en sus pueblos ecuatoriales o del oriente medio, en sus regímenes dictatoriales, bananeros, fundamentalistas, totalitarios, comunistas... saben que la gente sufre y no puede acceder a las mínimas comodidades. 


¡Qué gran paradoja que algunos de quienes aquí nos quieren imponer la solidaridad, realmente viven de los regímenes que causan el hambre o la situación política que hace escapar a esos infelices!

Algunos de esos inmigrantes son maduros y éticamente conscientes de su situación y del esfuerzo presupuestario que una sociedad hace en su favor (sociedad amenazada con ser crucificada a impuestos para que el gobernante de turno se anote en su haber la ayuda que pagamos todos) . 

En algún caso extremo y excepcional llegan a comprender que deben respetar las costumbres del lugar y no alterar la identidad de sus habitantes. 

Pero cuando son menas cabe esperar nula comprensión y, por contra, un odio justificado hacia una sociedad acomodada que no les quiere. 

Es por eso que los que ya están aquí, deben ser correctamente tratados pero debe evitarse imperiosamente la llegada de más. Debe expulsarse sin contemplaciones a quienes cometan delitos y, de una vez por todas, debe comprenderse que no son inocentes niños de doce años. 

El mensaje del cartel desde luego no es hospitalario ni pretende darles la bienvenida. Pero no hay que olvidar que es gente que se ha colado sin permiso en un país y que suponen un coste considerable (directo e indirecto) que no se puede permitir España, que se aproxima a la bancarrota. 

El cartel realmente encierra una crítica para la política buenista e irresponsable poniendo de relieve la diferencia entre el gasto público cada vez menor en términos proporcionales que se dedica a los ancianos y especialmente a aquellos que han contribuido con sus cotizaciones y el gasto que se dedica a los miles de inmigrantes que llegan cada mes para hacer de nuestras calles el reino del boniato, los locutorios y las mezquitas 



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