No me dice nada la selección española. Lo han conseguido. Llevamos unos tiempos locos en los que ha cambiado el sentido de casi todo. Desde la caída del muro y el fracaso de la izquierda ideológica que ha trasladado a otros terrenos la polarización de la sociedad, ha crecido una especie de progresismo que nos dicta lo que tenemos que sentir y pensar y ahora vienen a decirme que tengo que entusiasmarme con una selección que representa a una España con la que no me identifico. La España del Sálvame y el cotilleo, la de las comunidades autónomas, el mundo LGTBI y los parlamentarios manteros de color que no saben ni hablar español. Dentro de esa falsa diversidad, la selección española debía ser cambiada. La antigua molestaba; igual que los toros. Porque realmente a todos estos transformadores sociales de laboratorio no les gustan nada ni el fútbol ni los toros, que son dos terrenos que se les resisten a la domesticación doctrinaria.
Todavía no han llegado a que los equipos sean mixtos, pero lo lograran en esta fiebre de estupidez que tenemos desde hace años. También luchan por que la selección sea republicana y hacen guiños como ofrecer imágenes del escudo sin corona o introducir discretamente el morado en el uniforme.
La camiseta con la que jugó España en el Mundial de Rusia (y que encantaba a Willy Toledo) obligó a la marca Adidas a publicar una explicación para eliminar cualquier connotación política que pudiera atribuirse val diseño, lo que demuestra que era algo que flotaba en el ambiente, ya que vista de lejos la colocación de la banda azul recordaba a la bandera republicana.
Lo último ha sido ver a los tertulianos de "sálvame" queriendo animar a la selección. Ver a Jorge Javier o a la Corredera o a Laura Fa (indepe reconocida) vestidos con la camiseta ya ha sido superior a mis fuerzas.
Me sienta mal que el entrenador sea Luis Enrique, un tipo mal encarado que ha estado en el Barsa (vaya por delante que sentí la pérdida de su hija, desgracia que no se la deseo a nadie). Me sienta mal que hayan jugado en la selección separatistas como Pujol, Xavi o Piqué. Y aborrezco que le llamen "la roja", término que acuñaron en la época de Zapatero, los iluminados de la propaganda izquierdista y que siguen cultivando los periodistas y las televisiones del mundo progre (casi todas).
Pero todo esto tiene una gran ventaja: No me he llevado un disgusto con los pobres resultados que están cosechando. Ni me lo llevaré cuando les eliminen. Mi grado de identificación con este equipo es cero.


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